Hace apenas un par de meses me hice con un iMac de 20 pulgadas. Mensualmente diagramo un periódico en Maipú y el PC me tenía harto. Quería una máquina para trabajar, sin perderme en configuraciones engorrosas.
Y hace apenas un par de días Mac anuncia que renuevan su línea de iMacs. Más delgados, con un teclado simplemente precioso y más potencia.
No lo niego. Apenas vi el nuevo iMac pensé seriamente en vender el que tengo y esperar sentado a que los proveedores locales lo traigan.
Pero luego me fumé un cigarrito y la calma llegó. El consumismo se alejó. Para qué vender un sistema que es estupendo, que no me da problemas y que, a pesar del nuevo hermano de la familia, es simplemente hermoso.
El nuevo iMac tendrá que esperar. Quizás para navidad me haga con uno para casa, para mi mujer e hijas. De momento sigo disfrutando mi iMac sin reflejos en la pantalla.




Los nuevos Imac están dando problemas. Yo mismo compré uno hace dos semanas y no para de colgarse.
Una mala suerte muy cara.